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KelpieKraft
G U E R R E R A
Esta es la primera carta de 2026. Cierro un año de alta intensidad, ha tenido momentos dul-ces, pero también muy amargos. Aún con ese regusto en la boca y con la firma intención de recolectar con mi fuerza decido empezar este ciclo con el arque-tipo de la Guerrera.
Como símbolo de superación y espe-ranza ante la debilidad y vulnerabilidad que me incomoda y ahoga.
¿Qué es para ti una Guerrera?
Para mi hasta hace no mucho tenía connotaciones negativas. Guerrera es ‘la que da guerra’, la que no te deja en paz. La rebelde que no se conforma.
Parece ser que esto no casa mucho con el concepto de ‘cómo debe ser una mujer’. Al menos según me han educado a mi; la mujer es dócil, complaciente, se adapta, cuida, acaricia, escucha y está siempre disponible.
La Guerrera simboliza la fuerza, la independencia, la determinación, la acción consciente hacia un objetivo concreto. No lucha para sobrevivir, es firme en su posición y elige, decide y actúa.
Ser guerrera no significa estar a la defensiva o al ataque de forma constante, solo tensa su arco cuando es la única respuesta coherente. Dar voz a mi guerrera es dejar espacio y expansión a lo que me da fuerza. Es hacerme responsable de lo que quiero para mi, es dejarme crecer, es superar obstáculos.
Según yo lo veo las mujeres somos Guerreras por necesidad, desde siempre, aunque se nos haya querido convencer de que nos quedamos en la retaguardia, hemos estado siempre en primera fila de combate. Y en muchas ocasiones en contra de nuestros propios intereses.
Estoy casi segura que a esa guerrera ya la conoces. Es la que sostiene, la que cuida, la que resiste, la que se inventa y reinventa una y otra vez. La que cría, la que trabaja, la que atraviesa duelos, separaciones, pérdidas, cambios de rumbo. Guerreras silenciosas, sin medallas, sin aplausos, sin relatos épicos.
Esa Guerrera que tan bien conocemos se pone al servicio de todo menos de ella misma. Qué duro es ver a una mujer que lo da absolutamente todo por su familia, por su trabajo… y que no es capaz de mover un dedo por su cuidado o por sus intereses. Valientes soldados entregadas a ‘la causa’ hasta el último aliento.
La Guerrera que nos ocupa este mes no es la que aguanta más, sino la que elige su propósito. La que entiende que para seguir adelante tiene que priorizarse y atenderse a ella primero.
Deja de sobrevivir para empezar a vivir con intención y comprende que la fuerza no está en hacerlo todo, sino en hacer con responsabilidad y consciencia, sabe cuándo avanzar y cuándo parar. Esta Guerrera no se mide por su capacidad de sacrificio, sino por su coherencia.
Hablar de este arquetipo es hablar de acción consciente. Esto es lo contrario a actuar por inercia, por miedo o por obligación, sino desde una escucha profunda de lo que soy y de lo que necesito ahora.

Cinta Arribas
Cada acción que nace desde ese lugar nos acerca a nuestro centro, al equilibrio y la calma. Dejo de culpar a la vida, a las circunstancias o a los demás de aquello que no me atrevo a elegir. Asumo que mi destino lo trazo yo y que no soy lo que me pasa sino lo que decido hacer con eso que me pasa.
Cada decisión implica una renuncia. Elegir un camino implica dejar otros atrás. Esto me da vértigo, tengo dudas y miedo a equivocarme. Mi Guerrera también siente miedo y me ayuda a caminar con él sin dejar que me paralice.
Porque no actuar también es una acción, y que muchas veces el mayor coste no está en equivocarse, sino en dejar que otras decidan por mi.
La fuerza vital de la Guerrera se expresa en el cuerpo. En cómo piso el suelo, en cómo sostengo la mirada, en cómo respiro cuando la vida aprieta. Es una fuerza mental y encarnada.

Daniella Miranda
A veces siento que mi energía está dispersa, ocupada en mil batallas, confundida y entregada a demandas externas que me he creído importantes.
Otros momentos la siento está bloqueada, contenida por el miedo, la culpa o la inseguridad.
Hago una llamada a mi Guerrera para reclamar y reconducir mi energía, para cuidarla, enfocarla y no malgastarla. Aprendo que no puedo estar disponible para todo ni para todos, que hay momentos en los que necesito plegar alas, lamerme las heridas y después planificar el siguiente objetivo.
Responsabilizarnos de nuestro destino es dejar de vivir en la queja y empezar a preguntarnos con honestidad: ¿qué está en mi mano? ¿qué decisión estoy evitando? ¿qué paso pequeño pero real puedo dar ahora? Saber que nunca voy a estar completamente preparada; decidir actuar desde lo que tengo hoy, desde lo que me es posible, desde el presente que es el único momento en el que puedo actuar.
Termino esta carta recordándome que la Guerrera forma parte de una cuadrilla, de un ejército. En ocasiones camina sola, o se queda aislada por la adversidad o una decisión. A veces puede resultar complejo encontrar otras guerreras con mis mismos ideales, realmente no lo necesito. Puedo compartir y apoyarme manteniendo mi destino y mis valores, puedo caminar con otras, no detrás ni delante, sino a su lado. A veces ofreciendo refuerzos y otras veces recibiéndolos.
Cuanto más me reconozco en mi fuerza, más puedo soltar. Porque dejo de necesitar demostrar nada. Sé que puedo y merezco. Sé quién soy. Sé que siempre encontraré el camino.
Me conecta con una fuerza estable y profunda, constante. Que ni lucha, ni se rinde. Acepta y actúa.
Al iniciar el año con la Guerrera nos llamamos a pasar a la acción con consciencia, dejar de postergar lo importante, asumir nuestra responsabilidad en la vida que estamos creando. Soltando la exigencia, abrazando el compromiso, desde la honestidad y la coherencia.
Quizá no podamos elegir todas las circunstancias que nos rodean, pero sí podemos elegir cómo nos posicionamos frente a ellas. Y ahí, justo ahí, despierta tu Guerrera.
Eres perfecta.
Todo está en ti.
Con todo mi amor.
De mi puño y alma.