

Gina Salame
D I S C I P L I N A
La disciplina consciente no tiene que ver con exigencia ni rigidez. En el Yoga, y especialmente en el arquetipo de La Guerrera, la disciplina es la capacidad y el compromiso de sostener una elección con determinación y presencia. En esta carta te hablo de Tapas, Sâdhana y de cómo elegir tu vida cada día.
¿Qué es la disciplina para ti?
Para mi la disciplina tiene que ver con la constancia, con algo que hago todos los días (o con una frecuencia pautada), en base a un compromiso conmigo misma o con terceras personas y que se mantiene un mínimo de tiempo.
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Una de las cuestiones que nos muestra La Guerrera es esta. La disciplina es de vital importancia para mantenernos en la posición elegida.
La disciplina en el yoga: Tapas y Sâdhana
Ya en los sutras de Pantanjali se nos habla de la importancia de la disciplina, Tapas es uno de los Niyamas.
Te pongo en contexto; los sutras de Patanjali es un texto filosófico muy antiguo de la India, en el que nos cuenta cómo practicar Raja Yoga. Se considera Yoga tanto al camino como al estado de conexión de todos los cuerpos, por medio del cual la actividad del cuerpo, de la mente, de la emoción… cesa, se calma y podemos experimentar la unión con lo supremo, el estado de Samadhi. Esto así, muy muy resumido.
Dentro de este texto hay una parte en la que se enumeran los ocho pasos para alcanzar el Samadhi, la conexión con el Ser. Van de lo más tangible a lo más sutil.
Yamas y Niyamas se refieren al código de conducta en sociedad (Yamas) y con nosotras mismas (Niyamas). Después iría Âsana (posturas), Pranayama (trabajo con la energía), Pratiahara (absorción de los sentidos, Dharana (concentración), Dhyana (meditación) y Samadhi.
Bueno, pues dentro de los Niyamas esta Tapas, la disciplina.
En este contexto la disciplina se considera como el fuego, el calor transformador. La energía que nos permite sostener una intención a lo largo del tiempo, incluso cuando aparecen la incomodidad, la pereza o la duda. Porque nace de una decisión propia y profunda.
Cuando practicamos tapas, elegimos conscientemente no huir de la incomodidad que implica crecer. Permanecemos presentes, respirando dentro del esfuerzo, sosteniendo el compromiso con lo que sabemos que es importante para nuestra alma.
Otro concepto ‘yogi’ que me parece interesante compartirte hoy es Sādhana — el camino que se camina.
Sādhana es mi práctica personal diaria. No es una práctica aislada ni una rutina que se cumple por obligación. Es el compromiso íntimo con el propio camino. Es la decisión de volver, una y otra vez, a aquello que nos recuerda quiénes somos. Y es lo que nos va a ligar con esa disciplina de la que te he hablado antes.
Puede ser una práctica de âsana, meditación, respiración, estudio, silencio, escritura, la oración es también una forma de Sâdhana.
Pero su esencia es siempre la misma: crear un espacio regular donde el alma pueda escucharse y la conciencia pueda conectarse y expandirse.

Giselfust
Con estas prácticas no busco resultados ni estados especiales. Busco presencia y confirmación. A través de la repetición consciente, vamos afinando la escucha, limpiando capas, volviendo a casa. Es una forma de decirme: me importo lo suficiente como para estar aquí conmigo, me acompaño y me siento cada día.
No es lo que hacemos algunos días cuando tenemos tiempo. Es la relación que cultivamos con nosotras mismas cuando elegimos estar presentes, despiertas, de esta manera nos lo llevamos a lo cotidiano. Esa es la verdadera práctica.
Y dicho esto, y hablando desde mi sentir y experiencia, te recomiendo que decidas una sâdhana que te resulte fácil, que sea coherente y que encaje fácil en tu día a día. Pueden ser cinco minutos de silencio o una práctica de dos horas, pero piensa que lo tienes que poder mantener en el tiempo y que es algo con lo que te comprometes todos los días.

Artista Desconocida
La Guerrera y la acción consciente
La imagen que solemos tener de la disciplina es rígida, casi militar. Una sucesión de órdenes, una lista de tareas que hay que cumplir aunque no apetezca, una voz interna que empuja y exige. Y así suele ser y así lo solemos sentir cuando viene impuesta de fuera.
La disciplina de la que te hablo no nace de la imposición, sino de una decisión consciente. No surge del castigo, sino del compromiso con algo que es importante para mi.
Y llegados a este puto debo decirte que no se puede hablar de disciplina sin antes hablar de posición y/o dirección. No puedo sostener una acción en el tiempo si no sé para qué la estoy haciendo.
La Guerrera se mueve por propósito, no se mueve por inercia.
Por eso esta semana no se trata tanto de hacer más cosas, sino de elegir mejor.
De decidir cuál es el lugar desde el que quiero vivir mi vida.
Elegir una dirección y sostenerla
Ahora que estamos en invierno es momento de mirar hacia dentro, de hacer poco. Me gusta mucho la metáfora de la hibernación. Imagina que eres una osa que entra perezosa a su cueva a descansar y sanar.
¿Qué tipo de mujer quieres ser cuando despiertes en primavera?
Podemos ir dando pequeños pasos. Decidiendo qué energía quiero habitar cuando me levanto cada mañana. Qué relaciones quiero alimentar. Qué cuerpo quiero sentir. Qué pensamientos quiero que ocupen mi mente.
Es aquí donde comienza mi disciplina, en ese momento en el que dejo de improvisar mi vida y empiezo a diseñarla.
La disciplina no debe suponer nunca un sacrificio, debe ser una elección.
Si te das cuenta en ningún momento he dicho que sea algo que ‘tengo’ que hacer, siempre he utilizado verbos como ‘quiero’, ‘elijo’, ‘decido’…
En algunas ocasiones el problema no es la falta de disciplina. Sino que no sabemos a qué, ni a quién somos fieles. Nos disciplinamos con facilidad para responder mensajes, para cumplir expectativas, para llegar a todo lo que se supone que se espera que lleguemos. Pero nos cuesta sostener lo que es verdaderamente importante para nosotras: nuestro cuerpo, nuestra energía, nuestro proyecto, nuestra verdad.
La Guerrera cumplirá nuestras órdenes sin cuestionar si vienen de mi deseo o del deseo de otras personas.
Te propongo que antes de decidir tus batallas te preguntes si te acercan o te alejan de quien quieres ser. Y desde ahí actúa con presencia.
Decidir es un acto sagrado. Y, sin embargo, lo evitamos constantemente. Nos quedamos suspendidas en la duda, en el “ya veremos”, en el “ahora no es el momento”.
La Guerrera sabe que cada decisión implica una renuncia y lo asume estoicamente. Ella sabe que no decidir también es una decisión, y casi siempre es la que nos aleja de nosotras mismas. Por eso se atreve, incluso sin garantías, incluso con miedo. No porque esté segura de que saldrá bien, sino porque sabe que dejarse llevar no es una opción.
La disciplina es la confirmación de esa elección. Es algo que nos ayuda a volver a decidir cada día. Elegir levantarse, practicar, decir no, sostener el rumbo. Y eso solo es posible cuando estamos presentes en nuestra vida. Cuando no actuamos en piloto automático, sino desde una conciencia que observa, ajusta, corrige y cuida.
La disciplina con presencia me muestra cuando me estoy distrayendo o desviando o cuando quiero cambiar de posición o de rumbo.
Me permite darme cuenta de cuándo empiezo a negociar conmigo misma. Cuándo me cuento historias para evitar una acción que sé que es importante. Y, desde ahí, volver. Sin juicio, sin castigo. Volver a poner el cuerpo, la atención y la energía al servicio de lo que he elegido.

Sveta Dorosheva
La disciplina no tiene que ser una cárcel. Sino más bien un camino de libertad. A veces lo vamos a recorrer con firmeza y a veces con cansancio. La Guerrera no espera sentirse perfecta para avanzar. Avanza con lo que hay y con lo que tiene; dudas, emociones, con días mejores y peores.
La disciplina nos permite también aquietar la mente, porque ya no tiene que decidir a cada segundo. El cuerpo está más tranquilo. La energía se focaliza.
La Guerrera nos ayuda a crear una vida alineada.
Y sí, eso requiere acción. Requiere hacer lo que a veces no apetece. Requiere atravesar resistencias. Requiere sostener el foco cuando la mente quiere distraerse. Pero no desde la violencia, sino desde la devoción. Como quien cuida una llama. Como quien protege algo sagrado.
Esta semana te invito a preguntarte con honestidad: ¿estoy en la posición que quiero estar? ¿Lo que hago me acerca o me aleja de quien quiero ser? ¿Qué acción o inacción, pequeña y concreta, puedo empezar a repetir cada día para mantener mi dirección?
¿Aceptas el reto? ¿Quieres este compromiso contigo misma?. Solo hace falta empezar. La disciplina de La Guerrera nace de una decisión sencilla sostenida en el tiempo.
Y es ahí donde te conectas con tu verdadera fuerza.
Eres perfecta.
Todo está en ti.
Con todo mi amor.
De mi puño y alma.
Si quieres seguir explorando el arquetipo de La Guerrera, puedes leer también la carta anterior y practicar conmigo en las clases de yoga y meditación del estudio.
Además en febrero celebramos el círculo de mujeres dedicado a este arquetipo.