CLARIDAD: el camino hacia dentro para escuchar tu verdadera voz

reflexiones

C L A R I D A D 

La claridad es un estado que llega cuando apagamos fuera y miramos hacia dentro. No se trata de entenderlo todo, sino de habitar lo que somos con honestidad. En este texto te cuento cómo el arquetipo de La Ermitaña te invita a escuchar, a simplificar y a permitir que todas las respuestas vayan llegando.

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Claridad interior frente al ruido y la exigencia externa

August Ro

La claridad como seguridad interior
La claridad nos da seguridad, cuando sabemos qué queremos, cuando sentimos gratitud por lo que somos y por dónde estamos. Es esa seguridad de estar donde tienes que estar o al menos saber hacia dónde te diriges.

Es fácil perderse en la rutina y las obligaciones. En esta sociedad que cada día nos exige más. El consumo no va solo de comprar cosas, también va de tratar de llegar a unos estándares que se nos antojan deseables. Una visión de éxito prometida que alcanzaré si voy adaptándome a lo que se espera de mí por mi edad y condición.

Lo más habitual es que este traje tarde o temprano me empiece a picar y a apretar. Porque soy diferente, todas lo somos, y no hay fórmulas mágicas.

Tengo tesoros escondidos, una luz propia que no conozco porque estoy distraída y eclipsada por lo de fuera. Porque me cuesta mirar hacia dentro, conocerme de verdad requiere intención y atención.

Cuando la claridad inicia su camino
La claridad llega cuando comienzo mi camino. Una senda que es hacia dentro y que es única. A veces viene después de una parada brusca, otras veces como un movimiento natural. En cualquier caso es inevitable y solo ocurre cuando dejamos de buscar fuera aquello que solo yo puedo saber.

Algunas personas siempre han respirado en esa claridad, son personas que destacan jóvenes, que tienen carisma y brillan de una forma especial y diferente. En mi experiencia esta es la excepción.

Lo más habitual es construirse desde lo que me llega de fuera, las miradas de papá y mamá y lo que mi entorno más cercano decide que me gusta y dónde destaco. Esto ocurre desde el amor y la mejor de las intenciones, pero no siempre es acertado.

Y llega un momento en el que algo me perturba y entro en una niebla espesa. Comienzo a cuestionarme para qué hago lo que hago, empiezo a dudar de lo que me gusta. Así comienza una crisis de identidad. Esta crisis podría ser mi salvación si se hacia dónde tengo que mirar, si confío y vuelvo a mí y a todo lo que me tengo que decir.

La voz interna como guía

La voz interna es un susurro, habla bajito a través del cuerpo y la emoción. No exagera, está más cerca del equilibrio que de una sensación extrema.

Lo primero es apagar los estímulos externos y después las voces que habitan en mi mente, esas voces que repiten mensajes que no son míos, que esperan que haga, que diga y me comporte de una forma determinada para ser alguien que se supone que soy.

Mi voz interna no exige, no obliga, permite, ofrece un camino de libertad y expansión con infinitas posibilidades.

Para escuchar esta voz tengo que permitir que todo se aquiete, para ver a través debo dejar que caiga el poso, hasta que el agua sea transparente.

La claridad surge cuando la atención se queda en mí.

 Todas las respuestas están en ti

La Ermitaña nos trae este mensaje: todas las respuestas están en tí.

Pueden no estar formuladas con palabras, puede que no siempre estén ordenadas, incluso puede que no estén listas para ser entendidas de inmediato. A veces aparecen como una sensación, como una intuición, como una certeza carente de argumentos.

La claridad no se impone; se reconoce. Es un saber silencioso que emerge cuando me doy permiso para estar presente en lo que soy y en lo que estoy viviendo.

La realidad es siempre un espejo de lo que está pasando dentro de mi. La vida no es una carrera por comprenderlo todo, es una oportunidad para conocerme, expandirme y disfrutarme. Y es desde ahí que se produce la magia y puedo brillar y poner mis habilidades y dones al servicio por necesidad, no por reconocimiento.

La rendición como sabiduría

La claridad viene de la rendición ante lo que Soy. Me rindo a no saber nada, a no tenerlo todo bajo control, a permitir que las cosas se muestren a su tiempo. En esa rendición encuentro mi sabiduría, dejo espacio para que se muestre lo que necesito.
Rendición y sencillez como camino de claridad interior

Helena Pérez García

La sencillez y la austeridad acompañan este proceso en el que me libero de todo lo accesorio porque comienza a sobrar. No es privación, es elección. Cuando simplifico, cuando reduzco estímulos, cuando dejo de dispersarme en todo lo que no es, algo dentro comienza a ordenarse.

La claridad necesita espacio y silencio. Y  provoco ese espacio cuando elijo a qué presto atención, qué pensamientos alimento, qué voces escucho y cuáles no.

Conectar con mi propia voz y expresar. Conocer mis fortalezas, aquello que me hace especial.

Alejarme de opiniones, consejos y expectativas. La claridad aparece cuando empiezo a cuestionar. Cuando me pregunto con qué resueno, qué siento verdadero, desde dónde me sostengo.

Claridad como coherencia y humildad
La claridad no es una certeza absoluta ni una respuesta definitiva. Es humildad. Es reconocer que estoy en el camino, que sigo aprendiendo, que puedo cambiar de opinión con absoluta libertad. La claridad es coherencia y flexibilidad, no rigidez o posicionamiento estático.

Es ese punto en el que lo que siento, lo que pienso y lo que hago empiezan a alinearse, aunque todavía no tenga todas las respuestas, aunque probablemente cada vez esté más segura de no saber nada.

Escucha, curiosidad y presencia

Escucha y curiosidad son dos pilares fundamentales que nos muestra la Ermitaña. Escuchar sin prisa, sin juicio, sin la necesidad de intervenir constantemente en lo que aparece. Curiosidad para observarme con amabilidad, para interesarme por mis reacciones, por mis deseos, por mis miedos, sin intentar corregirlos de inmediato.
Mirar hacia dentro para encontrar claridad interior

August Ro

Vivir desde la claridad
Esta semana, la Ermitaña me acompaña a sostener esta escucha. Me recuerda que la claridad no se alcanza a través del esfuerzo, sino a través de una presencia ligera.

Que no se trata de hacer más, sino de estar más en mí. De confiar en que, cuando dejamos de apretar, el caos se ordena.

La claridad es ligereza. No por fácil, sino  pacífica.

Hay algo que te puede ayudar a saber si estás escuchando a tu verdadera voz; cuando te surja la duda te puedes preguntar qué hay detrás amor o miedo.

El Ser no tiene miedo a perder nada porque no tiene nada que perder, simplemente ES. Y esto no implica que sea fácil.

El Ego, sin embargo, tiene miedo de todo, de perder, de ganar… de cualquier cosa que lo mueva de donde Es, porque Es según las circunstancias, según el momento, según el pensamiento o la emoción.

El amor es la raiz de la claridad: vivir de acuerdo con lo que siento verdadero en este momento, sabiendo que mañana puede transformarse.

Confianza y coherencia
El camino hacia la claridad no es lineal. Hay días de mayor lucidez y días de niebla. Ambos son parte del proceso. La claridad no elimina la duda, pero la vuelve habitable. Me enseña a convivir con la incertidumbre sin perder el centro. Me invita a confiar en mi capacidad de sentir, de percibir, de elegir con honestidad.

Esta semana es una invitación a volver a lo esencial. A crear espacios donde el silencio se expanda. A reducir distracciones como un regalo. A escuchar mi propia voz con respeto y curiosidad. A recordar que no necesito tenerlo todo claro para avanzar, solo lo suficiente para dar el siguiente paso.

Recuerda que la claridad no grita, susurra. Y para escucharla, necesitamos bajar el volumen del mundo y acercarnos un poco más a nosotras mismas.

Eres perfecta
Todo está en ti

Con todo mi amor
De mi puño y alma