Discernimiento en Yoga: diferenciar lo que realmente eres

reflexiones

D I S C E R N I M I E N T O

Hoy hablamos de uno de los pilares (si no la piedra angular) del Yoga.

Y es además la razón por la que es mi principal herramienta de acompañamiento.

Mi objetivo fundamental en la práctica de Yoga es alcanzar la comunión en mí, con todo lo que soy en esta Vida, en esta experiencia. Que pueda sacarle todo el jugo, que sea un camino de aprendizaje y realización.

Además la idea es que todo esto suceda con el mínimo sufrimiento posible.

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Cinta Arribas

El sufrimiento nace del desconocimiento

Y es que en esta disciplina hay una comprensión básica y esencial: el sufrimiento nace del desconocimiento.

No del dolor en sí, no de las circunstancias externas, sino de olvidar quiénes somos. El Yoga lo llama avidya, ignorancia fundamental. No es falta de información, ni es falta de conocimientos, sino de re-conocimiento.

Es vivir identificada con lo que no soy (todo lo que cambia) y perder de vista lo que sí soy (lo que permanece).

Identificarme con lo que no soy
Desde pequeña, por necesidad de sentirme amada, aprendo a construirme a partir de cómo me ven los demás, de lo que hago, de cómo debo responder al mundo. Me empiezo así a identificar con lo que me dicen que soy capaz, con mis pensamientos, con mis miedos. Establezco mis valores en base a todo esto y construyo las creencias que soportan mi propia y única realidad.

Cuando las cosas salen ‘mal’ soy víctima de las circunstancias o me culpo por ser un fracaso. Vivo desde el miedo, siento rechazo, creo que no valgo lo suficiente. Poco a poco vamos experimentando la vida a través de lo que no somos, de ese ego que he construido, desde el que me creo que soy de tal o cual manera. Y digo cosas tipo; qué le voy a hacer ‘yo soy así’.

La Ermitaña, en silencio, mira con más profundidad. Ha aprendido que hay algo en ella que observa todo lo que ocurre. Puede observar un pensamiento y darse cuenta de que está pensando. Puede sentir una emoción y reconocer que está sintiendo. Puede atravesar una experiencia y sacar conclusiones y aprendizajes.

Y lo más importante puede decidir qué hacer con todo eso que observa y puede cambiar. Se da el permiso para ‘no ser así’ y ser de la manera que necesita o quiere ser en cada circunstancia.

 

Aquí comienza el discernimiento
Es aquí donde comienza el discernimiento.

Discernir es distinguir entre lo que soy y lo que no, entre lo que cambia y lo que permanece. Es darme cuenta de que mis pensamientos aparecen y desaparecen. Que mis emociones fluctúan. Que mis identidades se transforman. Y que, sin embargo, hay una conciencia que permanece a todo esto.

 

No puedo ser lo que puedo observar
Generalmente descubro lo que soy por descarte. No puedo ser algo que puedo observar, así que voy descubriendo qué no soy y me voy acercando a lo que sí desde la observadora, la testigo.

Este proceso no es inmediato, ni cómodo. Hay una dificultad real en conectar con lo que sí soy cuando vivo cada día desde lo que no soy. Cuando toda mi identidad se ha construido alrededor de pensamientos, emociones y expectativas.

Conectar con lo esencial requiere desidentificarme.

Esto puede dar un poco de vértigo, porque si no soy mis pensamientos, ¿quién soy? Si no soy mis logros, ¿qué me da valor? Si no soy mi historia, ¿qué habla de mí?

Claro, la respuesta tampoco puede llegar desde lo que no soy, así que es muy difícil de explicar. Es un darme cuenta, es un saber, es Ser Consciente, es ir a otro estado de conciencia.

Primero tengo que lidiar con mi mente. Mi mente está acostumbrada a ocupar el centro, a ser protagonista, a dirigir. Mis emociones también reclaman atención. Y me apego a los patrones que conozco, porque en algún momento me han servido. Al empezar a observarlos en lugar de dejarnos llevar, siento que algo se deshace.

Empiezo a ver más claro.

Me encanta la metáfora del agua que se clarifica. Imagina un pequeño lago, por el que pasan animales caminando todos los días, remueven la tierra y esto provoca que el agua esté llena de partículas que flotan y hacen que se vea sucia, opaca. Es imposible ver el fondo.

Giulia Tomai

Los animales simbolizan a la vida que pasa y las partículas en suspensión mis pensamientos, emociones y expectativas… yo soy el agua.

Cuando paro y simplemente observo las partículas comienzan a precipitarse y caer y comienzo a ver mi verdadera naturaleza, limpia, pura, transparente.

Discernir es saber que la Vida pasa y que va a provocar cosas en mi cuerpo y en mi mente, pero que lo que de verdad soy no se ve comprometido nunca.

Es observar cómo pienso, cómo hago, cómo siento. Ver mis automatismos con honestidad. Notar cuándo estoy reaccionando y cuándo estoy respondiendo desde un lugar más consciente. Y elegir cada vez con mayor coherencia, lo que me cause el menor sufrimiento. Sin dramas, sin ponerme en el centro ni como víctima, ni como verdugo.

 

La llave para acabar con el sufrimiento innecesario
El discernimiento es la llave que me aleja del sufrimiento innecesario porque me permite dejar de identificarme con lo que me hiere. Puedo sentir tristeza, pero sabiendo que pasará. Puedo reconocer un pensamiento limitante, sabiendo que es solo una opción a la que escuchar.

Este gesto cambia la experiencia entera.

Las herramientas que antes me dominaban comienzan a estar a mi servicio. La mente se convierte en aliada. Las emociones en mensajeras. El cuerpo en brújula. Empiezo a preguntarme para qué hago lo que hago. Desde dónde tomo mis decisiones. Qué estoy buscando realmente detrás de cada elección.

 

Buenas noticias: todo está en mí
Y entonces viene este arma de doble filo:
Buenas noticias: todo está en mí.
Malas noticias: todo está en mí.
Aparece la responsabilidad

Mayra Arvizu

Todo está en mí porque la manera en la que interpreto lo que ocurre, la forma en que reacciono, el sentido que le doy a cada experiencia nace en mi interior. No puedo controlar todo lo que sucede, pero sí puedo elegir qué hago con ello.

Este reconocimiento es un paso cuántico. Es asumir que siempre tengo un margen de acción. Que puedo seguir repitiendo patrones o puedo detenerme y elegir diferente. Que puedo vivir desde el piloto automático o desde la conciencia.

La Ermitaña no impone su verdad. La observa. La siente. La contrasta con la experiencia. Discernir no es tener razón, es conocer mi verdad en este momento. Es actuar desde la coherencia sin necesidad de imponer ni convencer.

 

Vivir desde la conciencia
A medida que este discernimiento madura, la vida se simplifica. No desaparecen los desafíos, ni las dificultades, pero sí la identificación absoluta con cada uno de ellos. Encuentro un eje interno más estable. Una calma que no depende tanto de lo que ocurre fuera.

Pese a ser conscientes sigo viva y seguirán afectándome las cosas que me pasan. Y aquí te cuento otra metáfora.
La calma que te proporciona estar conectada con lo que soy es como una línea de horizonte de un océano y mi propósito es buscar la manera de surfear en sus olas. A veces salgo volando, otras buceo a lo más profundo, la idea es quedarme lo más cerca que puedo de la línea. Cuanto más practico, más fácil puedo volver a ese ‘equilibrio’.

 

Entrenar la mente testigo
Puedes entrenar con meditación, con escritura o con cualquier actividad que te aleje de una mente mono que salta de un pensamiento a otro y te lleva por donde quiere.

Esta semana la invitación es esta: obsérvate. Con paciencia. Con honestidad. Con ternura. Reconoce lo que cambia y busca lo que permanece. Permítete notar cuándo estás viviendo desde lo que no eres y vuelve, una y otra vez, a ese espacio que observa y respira en ecuanimidad y calma.

El discernimiento no es una técnica. Es una práctica continua de conciencia. Es recordar quién eres más allá de lo que pasa.

Eres perfecta
Todo está en ti

Con todo mi amor,
de mi puño y alma.