integrar

reflexiones

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Kallen Mikel

I N T E G R A R

Durante estas semanas te he hablado de las distintas cuestiones que representa La Chamana: la sabiduría que madura en silencio, la escucha profunda, el encuentro con la sombra.

Hoy te traigo la última parada de este arquetipo: la integración. Y quizá sea el paso más sutil y más complejo. Porque no se trata de hacer nada, sino de permitir que todo se asiente, se complemente y se reconcilie en armonía dentro de mí.

Integrar no va de sumar ni acumular experiencias, es más bien entretejer lo que queda después de cada experiencia y cada aprendizaje.

Cuando integro, dejo de separar lo que me gusta y lo que no, aquí ya no hay juicio, solo compasión y amor. Dejo de necesitar entenderlo todo. Acepto con calma la idea de que soy muchas cosas a la vez, que dentro de mí conviven la luz y la sombra, el miedo y la confianza, la acción y el descanso. Todo es importante y todo pertenece.

La paz interior no es la ausencia de movimiento, sino la aceptación del ritmo natural de la vida en mi. Conseguir estar en mi centro incluso cuando afuera hay ruido, cuando algo duele o cuando no tengo respuestas.

Integrar significa permitir que toda mi historia tenga su espacio dentro de mí, sin censuras. La rabia, la envidia, la impaciencia, la tristeza… todas ellas tienen algo que contarme. Si las rechazo, se esconden y se enquistan. Si las escucho, me muestran lo que necesito mirar.

El trabajo de integración hay que hacerlo de forma holística, integral. No basta con entender, hay que sentir y abrazar con honestidad.El cuerpo recuerda lo que la cabeza olvida. Y es el cuerpo quien detecta y me muestra cuándo estoy en coherencia y en presencia y cuando no. La Chamana escucha todas las señales; no las analiza, las observa.

En Yoga decimos que el sufrimiento viene de la falta de conocimiento de lo que realmente somos. No se trata de saber muchas cosas, recordar nombres y frases célebres que molan. El verdadero conocimiento está en conocerme desnuda sin juzgarme.  

A veces me olvido de aprendizajes que creía integrados. Me impaciento, me exijo, me comparo. Para integrar también tengo que ser paciente conmigo misma y con mi proceso. No es algo que se pueda hacer con prisa, no es algo que tengo que alcanzar en un momento determinado. Recuerda que La Chamana es una mujer madura y experimentada. Y hay frutos que maduran antes y otros después.  

Cada vez que atravieso una etapa difícil  necesito tiempo y espacio para colocarla. Igual que el cuerpo necesita reposo después de una comida, el alma necesita silencio después de una sacudida. Cuando la mente quiere entender, poner palabras, sacar conclusiones, no me estoy permitiendo ese descanso. El alma solo reclama calma y amor para recolocar.

Integrar es encontrar el equilibrio entre lo visible y lo invisible.
Mis decisiones, mis acciones y mis hábitos. Mis emociones, mis valores, mis creencias. Tratar de controlar e impacientarme con el resultado da lugar al conflicto interno. Debo confiar en mi inteligencia sutil. Igual que confío en que el cuerpo cicatrice una herida sin que yo intervenga en cómo lo hace.

Autor desconocido

La Chamana confía en los todos los procesos. La flor no aparece si no hubo antes una semilla en la oscuridad. Integrar es respetar los tiempos de esa semilla. No abrir la tierra antes de tiempo. No forzar la maduración.

te dejo algunas ideas para cultivar esos espacios:

· Agradecer al despertar
· Llorar o reír si algo me conmueve
· Escribir cada día, saber cómo me siento
· Meditar en silencio
· Acompañar con presencia

Esta semana quiero recordarme que la vida no se divide en capítulos cerrados y que integrar es algo que nunca termina, porque cada momento, cada día ocurren cosas nuevas y diferentes y cada experiencia suma y necesita su huequito.

Este concepto me hace pensar en las matriuskas (me super encantan). Todo lo que soy, convive con lo que fui; la niña en busca de amor, la adolescente rebelde, la mujer que buscaba aprobación, la que tenía miedo de equivocarse, la que no sabía pedir ayuda, mis sueños cumplidos y los que nunca llegarán, las veces que fallé, todo lo que conseguí… Todas esas Anas viven en mi, y todas han contribuido a que hoy esté aquí. Integrar es reconocer el valor cada una de ellas.

Con todo mi amor.
De mi puño y alma.