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Hortense Ullrich
S O M B R A
Últimamente se escucha hablar de la sombra, pero exactamente a qué nos referimos cuándo hablamos de ‘la sombra’.
Se trata de un concepto que puede sonar oscuro o misterioso, pero que en realidad es profundamente humano y luminoso.
Cuando escuché hablar por primera vez de la sombra, pensé que se refería a “lo malo”.
Luego me di cuenta que se trata de una parte íntima e irremediable de lo que soy. Y que no hay evolución espiritual sin conocerme y abrazarme en todo cuanto soy. La sombra no es algo a rechazar; es una puerta. Y como dice Ana Sesma, esconde muchos tesoros.
Veo que mucha gente cree que el camino espiritual es una búsqueda de pureza y de paz permanente. En la que suena Vivaldi y solo te alimentas de prana y emociones agradables.
Pero en el crecimiento real tarde o temprano vas a tener que sentirte incómoda, es que sin incomodidad no hay crecimiento. Necesitas poder sostenerte sin distraerte y sin huir, para poder atravesarlo y conocerte al completo.
La Chamana, mujer sabia y madura ya ha visto e integrado a su sombra, la ha atravesado y ha descubierto lo que hay detrás. Porque la sombra es una proyección de otra cosa, tenemos que girar la luz y cambiar la mirada para descubrir que hay detrás de la proyección, lo que es en realidad.
Ya te conté algunas cosas de esto el mes pasado, con La Guardiana. Cuando somos pequeñas, desde la necesidad de encajar y pertenecer, aprendemos a ‘comportarnos’, a controlar, a ser buenas, a esconder el enfado, a disimular la tristeza, a no mostrar el miedo. También tenemos que esconder algunas de nuestras fortalezas porque no encajan o por no eclipsar a otros miembros del clan.
Así vamos construyendo una versión de nosotras mismas que sea aceptable. Pero lo reprimido no desaparece; se transforma en síntomas, en tensiones, en reacciones desproporcionadas, en juicios hacia otros. Lo que no miro en mí, lo proyecto fuera.
Cuando me irrita algo en alguien, cuando me cuesta soportar una actitud ajena, casi siempre tiene que ver con algo mío que no quiero reconocer. Esta es una de las maneras en las que la sombra se hace visible. Nunca aparece directamente, sino que se muestra su proyección (por eso la llamamos sombra). Se muestra como buenamente puede, porque ha sido exiliada, pero necesita ser vista.
Si conozco mi sombra no justifico mis comportamientos, sino que me hago responsable de todo lo que soy. Y dejo de hacer esfuerzos por tapar una parte de mi, ya no vivo dividida. En esa reconciliación, empiezo a sentirme más libre.
No podemos trabajar con la sombra desde el cuerpo mental. Ya se analizó en su momento y se decidió que eso no formaba parte, se rechazó, vive en el cajón de lo no quiero que sea mío.
Requiere un trabajo corporal, energético y emocional. El cuerpo siempre sabe antes que la mente (como vimos la semana pasada). Hay zonas que se tensan cuando intento negar algo de mí, respiraciones que se bloquean cuando algo me incomoda. Observar eso es darse cuenta, es el primer paso.
La sombra suele aparecer cada vez que intento controlar. Cuando quiero que todo salga “bien”, cuando busco ser «perfecta», cuando no quiero decepcionar a otras personas. Cuando me comparo o cuando quiero demostrar algo a alguien que no soy yo. Son todas formas sutiles de miedo. Miedo a no ser suficiente, miedo al rechazo.

John Dykstra
Tiene mucho sentido, fue en ese contexto en el que enterré esa parte de mi. Y desde su pertenencia inherente reclama su espacio.
Ese miedo es, probablemente, el núcleo más profundo de mi sombra. El miedo a no ser amada tal como soy. Por eso, conocer mi sombra implica atreverme a mirar lo que más temo mostrar. Y hacerlo con ternura y curiosidad.
La Chamana sabe que no puede sanar lo que no se atreve a mirar. Su sabiduría viene de haber caminado por el dolor, de haber llorado y también de haber reído en medio de la oscuridad.
La Chamana sabe que solo hay dos caminos: el amor y el miedo. Y elige siempre El Amor.
Muchas veces escucho decir: “hay que soltar lo que no nos sirve”. Pero antes de soltar, hay que reconocer. No puedo dejar ir algo que no he querido ver. La sombra se disuelve e integra con consciencia, no con negación.
Me recuerdo que en la sombra también viven algunos de mis talentos. Aspectos que escondí porque no encajaban, porque brillaban demasiado o porque asustaban a alguien. A veces tememos más a nuestra propia luz que a nuestra oscuridad.
Detrás del enfado puede haber una fuerza vital que no me permito expresar. Detrás de la envidia puede haber un deseo no escuchado. Detrás de la tristeza, una sensibilidad profunda.
Todo lo que soy tiene sentido cuando lo miro completo.

Moonassi
Hay mucha magia en este proceso. La sombra es materia prima para la transformación. Como en la antigua mitología, la Chamana baja al inframundo, enfrenta sus miedos, escucha las voces del silencio y regresa con el fuego de la comprensión.
No se trata de quedarse atrapada en la oscuridad. Se trata de llevar luz para poder atravesarla con consciencia.Reconocer un propósito detrás de cada caída, detrás de cada error, detrás de cada emoción incómoda. Atreverte a ir a por los tesoros que esconde el dragón.
El Yoga Nidra es, para mi, una herramienta increíblemente poderosa para trabajar estas partes tan profundamente enterradas. Nos coloca en un lugar adecuado para poder observar sin huir, sin juzgar y sin necesidad de cubrir ninguna expectativa, ni siquiera mía.
He aprendido también que el silencio no siempre es paz. A veces es incómodo, sí, pero también liberador. Porque cuando algo sale a la luz, deja de gobernarme desde la sombra.
El trabajo con la sombra requiere humildad. Reconocer que no lo sé todo, que no siempre tengo razón, que también me equivoco. Requiere honestidad para ver las propias contradicciones. Y, sobre todo, requiere compasión, porque mirar de frente lo que he rechazado duele.
El Yoga Nidra es, para mi, una herramienta increíblemente poderosa para trabajar estas partes tan profundamente enterradas. Nos coloca en un lugar adecuado para poder observar sin huir, sin juzgar y sin necesidad de cubrir ninguna expectativa, ni siquiera mía.
He aprendido también que el silencio no siempre es paz. A veces es incómodo, sí, pero también liberador. Porque cuando algo sale a la luz, deja de gobernarme desde la sombra.
El trabajo con la sombra requiere humildad. Reconocer que no lo sé todo, que no siempre tengo razón, que también me equivoco. Requiere honestidad para ver las propias contradicciones. Y, sobre todo, requiere compasión, porque mirar de frente lo que he rechazado duele.
Cuando hablo de abrazar la sombra, no me refiero a romantizarla. No se trata de justificar los comportamientos dañinos ni de quedarse en el drama. Se trata de asumir que hay partes de mí que necesitan amor para poder transformarse. Que lo oscuro se integra con luz y presencia.
Creo que el mayor acto de amor hacia mi misma es mirarme completa y seguir amándome. Con mis luces, mis contradicciones y mis vacíos. Sin querer ser otra. Sin disfrazarme de perfección. Porque ahí se encuentra la verdadera libertad.
La Chamana representa a la mujer reconciliada con su sombra.
Esta semana me propongo observar mis reacciones con honestidad. Cada vez que algo me moleste o me duela, preguntarme:
¿Qué parte de mí se está moviendo?
¿De qué aspectos de mi misma me cuesta hablar o mostrar?
¿Qué me da más miedo que otros vean de mi?
¿Cuándo siento que me traiciono para ser aceptada?
El verdadero crecimiento no llega de eliminar la oscuridad, sino de vivir con ella en armonía. Dejar que la noche y el día convivan, como parte del mismo ciclo.
Yo sigo aprendiendo. Y cada vez que una sombra mía se asoma, intento recordarme que viene a mostrarme algo. Que no viene a destruirme, sino a liberarme.
Cuando llegua el momento perfecto descubres tus tesoros escondidos, tu tienes la luz para encontrar tu camino único.
Eres perfecta, todo está en ti.
Con todo mi amor.
De mi puño y alma.