soltar

reflexiones

Giulia Pintus

S O L T A R 
practicar el desapego

Esta semana reflexiono acerca del dejar ir. Y con esto cierro el mes dedicado al arquetipo de ‘La Guardiana’.

Volver a la tierra, a las raíces. Definir y validar límites. Ir girando la mirada hacia el interior para sentirnos, re-conocernos y habitarnos en la quietud y la calma. Y soltar, dejar ir; lo que no me pertenece, lo que ya no me sirve y estar dispuesta a aceptar que nada es eterno, todo es cambio constante. Excepto lo que siempre permanece, el Ser, la Consciencia.

Practicar el desapego implica ser consciente de esto, que nada permanece. Que las cosas, personas, circunstancias van y vienen. Que la vida es movimiento. Y que nuestros pensamientos, creencias y patrones también van quedando obsoletos y debemos estar dispuestas a aceptar y evolucionar.

El apego es cosa del ego y significa quedarse pegado. El ego es esa parte nuestra que necesitamos para vivir en esta vida manifestada y que es muy importante cuidar, sin olvidar que tiene que estar a mi servicio, al servicio de mi Ser y no al contrario. El ego construye su identidad a través de todo eso que cambia y por eso le cuesta soltar, porque se siente amenazado con cada modificación. Aunque realmente cambia de forma orgánica; no soy la misma hoy que cuando tenía tres años, o diez, quince, veinte y así sucesivamente. 

Me voy adaptando a cada momento. Sin embargo hay partes que no se cambian tan fácil. Patrones, creencias, personas por las que sentimos una fuerte lealtad y un apego intenso.

El primer paso es darme cuenta de qué me está sobrando, limitando, frenando. Después de reconocerlo puedo ver para qué sigo fiel a ese pensamiento, persona, emoción, comportamiento. Qué ‘beneficio’ hay detrás; puede ser que me ayude a no enfrentarme a algo o que sencillamente me de seguridad porque es lo que conozco.

Algunas veces, cuando detecto algo de esto, quiero deshacerme de ello rápido y con exigencia. Empujando y rechazando.

Esto no suele funcionar, lo que resistes persiste. Es física pura, cuando empujo el objeto al que aplico esa fuerza empuja hacia mí de forma proporcional.

Cualquier cosa que hoy me sobra, en algún momento me aportó algo, así que se merece gratitud y amor por ello. En estos casos también me ayuda pensar en unas manos abiertas. Una manos que dejan caer y están también dispuestas a recibir y dar.

Mis manos abiertas reciben con confianza, curiosidad y ganas de aprender, sin prejuicio. Mis manos abiertas dejan ir sin explicaciones, ni drama. Mis manos abiertas ofrecen cariño y disponibilidad.

Mis manos no siempre están abiertas, a veces son un puño rabioso de ira y frustración, incluso pueden estar cerradas por miedo ante la incertidumbre.

Pero si algo tengo claro es que para soltar tengo que abrir mis manos.

No siempre soy yo la que decide que algo ha terminado, a veces es la propia Vida, pasan cosas y también las personas de mi círculo pueden decidir dejar de estar cerca.

Carole Henaff

En esos caso también me ayuda mantener las manos abiertas. Es igual o más doloroso que en los casos en los que yo decido. 
Puede morir un ser querido de forma más o menos esperada, puedo perder mi trabajo, alguna posesión preciada, me pueden robar y también puede que una amiga o pareja decida terminar nuestra relación.

Esto es muy doloroso. Al apego puedes sumar la incompresión y la confusión. Incluso un sentimiento de abandona, de no merecimiento. No hay nada que entender, solo permitir. El amor, la gratitud, el respeto y la aceptación. Es el único camino, para mi, de seguir adelante en calma y quietud interna. 

La tristeza es la emoción de la pérdida. Cada vez que perdemos algo/alguien atravesamos un duelo. Duelo es el sufrimiento que se siente tras una pérdidaEs muy importante ese tiempo, las lágrimas sanan y el enfado me lleva a la acción. El duelo puede durar más o menos tiempo, trato de ser compasiva conmigo en esto. Las pérdidas no se superan, se aprende a vivir con ellas.


La pérdida es algo físico, para mi, pero yo siento que mi Ser, mi Alma, realmente no pierden nada, porque nada me pertenece. Y lo que fue sigue siendo de alguna manera aunque nunca más vuelva. 
Esto me cuesta mucho explicarlo, no es algo que entienda, es algo que siento.

de mi puño y alma

Hoy celebramos el día de los muertos. Para mi es un día bonito. Me acuerdo de mis padres casi cada día, por una cosa u otra. Pero este día está especialmente dedicado a ellos y a otros seres queridos que ya no me acompañan físicamente.

En mi familia este día siempre ha sido celebrado como una fiesta, siempre lo hemos vivido con alegría y respeto. Mi madre y mi tío Epi eran muy matriarcales y patriarcales y siempre nos unían en Navidad y en este día. Eran las dos grandes reuniones familiares y para mi eran días en los que me sentía muy orgullosa de la Familia, de mi tribu y de formar parte de todo ello.

Perder a mis padres y a mi tío han sido los duelos más desgarradores. También la separación está siendo dura, pero tiene otra naturaleza muy diferente.

El duelo por la muerte es algo que vivo como más definitivo, al menos en esta vida, al menos en lo que me queda a mi de Vida. Es definitivo que no voy a verles más, que no voy a sentir sus manos, su caricia, su voz, su olor. Para mi eso es lo desgarrador.

Pero es ley de vida, todo cambia, todo pasa, dejo ir, suelto y me quedo solo con lo que puedo sostener. Confío y sigo caminando. El dolor también forma parte de la vida. Lo que me puedo ahorrar es el sufrimiento, ese que viene del drama del pensamiento y del ego que se pone en el centro como si todo girara a mi alrededor. Pero no, yo soy solo un Ser descubriendo y aprendiendo y a veces disfrutando de esta experiencia que es la vida. En la que todo cambia y nada permanece.