
E R M I T A Ñ A
La Ermitaña es un arquetipo que simboliza la soledad elegida, el conocimiento profundo de sí misma, la luz en la sombra, la comodidad en la adversidad, la austeridad.
Nos acompaña en la mirada interior más honesta, una que puede resultar incómoda o dolorosa, una que solo se sostiene con compasión y amor incondicional.
Si prefires escuchar esta carta puedes hacerlo desde aquí.
Y si quieres leer más cartas puedes encontrarlas aquí.

Helvetica Blanc
Aparece cuando me permito el silencio vital, cuando el cuerpo se cansa de sostener ruido, expectativas y versiones de mí misma creadas para recibir amor y reconocimiento externo.
La Ermitaña se aleja de los estímulos externos para ver y re-conocer lo que sí es, y para evitar la confusión con lo que no. Este es un gesto que requiere mucha valentía y responsabilidad.
La Ermitaña y la conexión interior
La luz en la sombra y la mirada compasiva
La Ermitaña camina con una luz en sus manos, que dirige hacia los lugares más oscuros y menos transitados de sí misma. Espacios que están en la sombra y que necesitan ser vistos. No es una luz que quiera eliminar las sombras; la intención es alumbrar para poder ver y quizá más tarde integrar.
Nos enseña que en lo que no entendemos, en lo que duele, en lo que no nos atrevemos a mirar, se esconde una gran sabiduría única, porque nace de mis experiencias, de lo que he vivido y de cómo me he sentido – y me siento-. Nos aclara que lo realmente importante no es resolverlo, sino simplemente saberlo.
La Ermitaña nos invita a sostenernos en una mirada compasiva. Su propuesta es dejar de observarnos desde la exigencia, desde el juicio, desde la idea constante de que hay algo que corregir o mejorar para valer y ser amadas.
Descubrirme, atenderme, escucharme y permanecer. Aprender a estar con nosotras mismas sin distraernos, sin anestesiarnos, sin salir corriendo cuando aparece la oscuridad o el caos. Nos propone disfrutar de la comodidad en una soledad elegida, una soledad en la que me acompaño y me permito amarme exactamente como soy, justamente por lo que Soy.
La herida del abandono y la soledad que duele
Y es que no es lo mismo estar sola que sentirse sola. Para mí este ha sido mi gran aprendizaje de Vida, te lo contaba en esta carta.
Sentirse sola suele nacer de una herida profunda y antigua: una herida de abandono. Esa herida que nos hace creer que si nadie me acompaña, no hay sostén. Que si no somos vistas y validadas, no existimos del todo. Que estar sola es desaparecer.
La herida del abandono me hizo rechazar la soledad durante años. Me empujó a buscar fuera, a tratar de sostener a todas y a todos, a estar disponible siempre.
Me hizo creer que parar era fallar. Y sin embargo, fue precisamente cuando mi cuerpo y mi emoción me pararon en seco y me quedé con todo mi dolor, en lo má oscuro algo empezó a transformarse.
Es terrible sentirse sola. Yo he llegado a sentirme sola incluso rodeada de gente. De gente, que además, me quiere y trata de ayudarme. La soledad ha sido un agujero negro que casi me devora por completo.

Alexandra Dvornikova
Cuando la soledad se transforma en presencia
Esa soledad no se llena con nada, ni con nadie.
Porque solo la puedo colmar yo, porque lo que está faltando es mi presencia, es mi propio Ser.
No se por qué ni cómo se llega hasta ahí, pero tampoco me parece que saberlo sea lo más importante.
Lo realmente transformador es darme cuenta para poder reconciliarme conmigo misma, abrazarme, recibirme, permitirme y, lo más importante, responsabilizarme.
Y en este encuentro, este es el arquetipo que mejor me acompaña.
Cuando haces las paces contigo, en todas tus versiones, con todas tus mochilas, la soledad se convierte en una elección consciente, un acto de amor propio, un espacio fértil donde me ordeno y me integro
La retirada consciente como gesto de amor
La capacidad para una retirada consciente no llega de de la noche a la mañana.
La Ermitaña es una mujer anciana, que ya ha vivido mucho y que ha aprendido de cada una de sus experiencias. Conectar y estar en paz con este arquetipo es un proceso que podría resultar lento y que dura la eternidad, porque siempre tenemos rincones nuevos que conocer.

Alexandra Dvornikova
Retirarme no es irme a vivir en la soledad, en un pueblo en la montaña más lejana y sombría. Es empezar a decir que no, es alejarme de batallas que no son mías, es reducir estímulos, apagar ruidos innecesarios, simplificar tareas y obligaciones que asumo sin preguntarme si realmente son mías.
Retirarme es una cita conmigo; es meditar, es escribir, es tejer, es pintar, es pasear. Es un gesto íntimo de presencia. Es sentarme conmigo a no hacer nada. Es respirarme y escucharme. Es dejar de intervenir y juzgar constantemente en lo que pienso y siento. Es permitir que el silencio hable.
Todas las respuestas están en mi
Nos invita a descubrirnos en nuestra grandeza y plenitud cuando dejamos de huir. Cuando nos habitamos y nos quedamos con lo que somos.
Nos muestra una estabilidad que no depende tanto de las circunstancias externas. Nos invita a acomodarnos en el hogar interno.
Te propongo que este mes de febrero te permitas este gesto íntimo y valiente: bajar el ritmo, retirar la atención de lo accesorio, volver a lo esencial.
A confiar en tu propia luz, aunque al principio sea tenue, aunque no ilumine todo el camino, confía.
El silencio no es vacío y la retirada consciente no es una pérdida, sino una forma profunda de autoconocimiento y cuidado.
Para mi la verdadera enseñanza de la Ermitaña es esta:
No estás sola.
Cuando aprendo a estar conmigo misma, cuando dejo de huir de la soledad y me quedo descubro que nunca he estado mejor acompañada.
Eres perfecta
Todo está en ti
Con todo mi amor,
de mi puño y alma.